miércoles, 29 de mayo de 2013

Karl Freund's MAD LOVE

El terror, como género, nace en pleno apogeo del racionalismo y ,como bien explica Rafael Llopis, “es la historia de un instante fugaz que va desde que la razón abre la puerta de lo oculto hasta que lo oculto empieza a manifestarse dentro de la razón”. Así encontramos en el cuento clásico de terror la aparición de un elemento que no puede explicarse, que se sale de todos los esquemas preconcebidos que tan orgullosamente hemos conquistado desde la ignorancia. Ese elemento subversivo, esa vivencia espasmódica, que nos hace tambalear los cimientos de nuestra fe, es la que pretendía explicar desde el distanciamiento la literatura de terror, un sano acercamiento a lo numinoso, a todo aquello que las sociedades pretecnológicas consideraban sagrado tal como hoy se siguen considerando, por algunas capas de la sociedad, bizarradas varias como la santísima trinidad. Sí, con minúsculas.
¿Pero qué paso? Oh bueno, pues pasó una guerra, una guerra mundial, y luego enseguida ya se estaba cociendo la siguiente, más grande y mucho más dada a engañosas películas de Hollywood. Sí, con mayúsculas.
Así que la razón murió.
Esta película de 1935, en España “Las Manos de Orlac”, es un claro ejemplo de ese cambio en la percepción.
El Terror no es centrípeto. Sino centrífugo.

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